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El dolor de despedir a un héroe: adiós a Pedro Roubler 

Daniel Torres/IIS
Una pequeña medalla, de un metal frío y lustroso colgaba del ataúd de Pedro Roubler Moreno, como mudo y pequeño testigo del heroico acto que le quitó la vida.

Eran poco más de las nueve de la mañana y la sala de velación estaba llena, no sólo por personas sino por un sofocante sentimiento de impotencia y tristeza.

“¿Porque a los buenos nos los arrancan tan violentamente?”,  pregonaba al aire una mujer. Un llanto se escuchaba de fondo.

Frente al ataúd se encontraba su familia, no daban crédito, no podían asimilar lo que estaba pasando.

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A sus 36 años, Pedro dejó en orfandad a dos pequeños hijos y a una esposa viuda.

Al fondo del lugar, sentado en un pequeño mueble, con semblante derrotado y con la mirada de quien ha muerto por dentro se encontraba don Ernesto, padre de Pedro.

Su mirada lo decía todo, mostraba el dolor de perder a un hijo y el vacío que sentía por dentro.

Una familia quedó destrozada por la violencia, que se cobró la vida de un hombre más, de alguien que quería cambiar las cosas.

Hacía ya poco más de 4 años que este héroe caído había pasado a formar parte de las filas de la Policía Ministerial, con la firme idea de que aunque él solo no podría acabar con la delincuencia, si podría contribuir a mejorar las cosas.

Su esfuerzo y  dedicación no solo le habían válido el orgullo de su familia, sino la oportunidad de formar hace poco más de un año parte de la Unidad Especializada en Combate al Secuestro (UECS), un cuerpo de élite.

Sin embargo, la madrugada del martes, al efectuar un operativo donde liberaron a una persona privada de su libertad, algo salió mal, y el costo fue la vida de Pedro.

Seis disparos le arrancaron la vida  súbitamente, así, sin más.

Aunque se intentó aferrar a la vida y pudo aun llegar a un hospital, finalmente dejó este mundo poco después.

Dejó su existencia como sacrificio a cambio de la libertad de alguien quien esa misma madrugada volvió a la vida.

Pero el sacrificio va más allá de lo poético y heroico que representa morir cumpliendo tu deber y salvando a alguien más.

Dejó a una madre y sus dos hijos en la incertidumbre, en las redes de un sistema corrupto y burocrático.

Carlos Herrera Hernández y Sandra Emilia Rodríguez también cayeron en el cumplimiento de su deber a inicios de este año.

Sus familias aun no gozan del total de los “beneficios” que por ley deben recibir las familias de quienes mueren cumpliendo con su deber.

La situación no parece ser diferente para sus deudos.

“Quitan un padre ejemplar, un esposo espléndido, un hijo amoroso y un gran amigo a sus seres queridos ¿para que?, las cosas no van a cambiar por eso”, decía a media voz un hombre, amigo cercano al finado, mientras tomaba un sorbo de frío café.

El silencio se rompe de repente, entra en escena una figura de semblante altivo, escoltado de más personas.

El Gobernador Javier Duarte de Ochoa llega a dar el pésame, y a tomarse la foto. Su mirada denota cierta seriedad. Solo eso,su semblante es inexpresivo. Mera simulación.

Un tanto renuentes, sus familiares dejan que se arme el espectáculo, esperando pase rápido y los dejen seguir con su duelo.

Saben que su presencia es solo un acto político, ficción.

Poco después se acabado el espectáculo mediático, retiran flores, arreglos y proceden a iniciar la marcha sepulcral a la última morada de un héroe.

” Lloramos a nuestros hermanos cuando nos son arrebatados tan pronto y de forma tan trágica , esperando entre lágrimas no tener que derramar más llanto, pero Veracruz apenas da la bienvenida a un infierno que día a día empeora”, dice una mujer quien observa la caravana pasar, mientras apura a abrir a reja de su casa y entra rápidamente.

La carrosa fúnebre se pierde a lo lejos mientras cae el atardecer.

La misa de cuerpo presente se realizó a las 16:00 horas de este miércoles en la Iglesia Divina Providencia para posteriormente partir al Panteón Hidalgo.

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